Presentación del libro: “Vértigo y Retorno”

Así se presentó el libro Vértigo y Retorno de Marcela Galván, con el diseño de tapa es de Sandra Verónica Wasilewski y los collages interiores de Marina Flores y Sandra Verónica Wasilewski.

Prólogo

El poema es como el viento– nos dice Marcela Galván-, permisivo, desafiante, pausado. Es esta pluralidad, que marca junto con Octavio Paz, un ingrediente sine qua non: el ritmo, que se devela en las páginas del universo poético de VÉRTIGO Y RETORNO.

Es este universo inestable y recursivo. Es el vértigo del descubrimiento, del asombro, de la mirada primigenia y es el retorno a la situación inicial que ya no es la misma, porque la poeta la transformó.

Es un universo en el que las dos dimensiones que nos aquejan se entrecruzan y lo espacial y lo temporal se complementan y se oponen, se interpenetran, se imbrican y florecen. El viento, el mar, la tierra, los ciclos y el tiempo.  Un equilibrio maravillosamente inestable. Un tiempo lineal e irreversible y, sin embargo, con un eterno retorno en el que todo se repite trágicamente.

Es un universo con ascensos y caídas. Hay un “Infernum” y muchas “Encarnaduras” y también el miedo se construye en las puertas, pero además, hay “Arborescencia” y los bosques temblorosos vencen al temor con un aleteo de voces.

La poética de Marcela Galván es profundamente descriptiva, con potentes imágenes y un hablante lirico que en pocas oportunidades se manifiesta en un yo.

El trabajo en la materialidad del texto le otorga lecturas imprevisibles y a veces contrapuestas en las que la autora le ofrece a los lectores la libertad de recreación y coautoría.

La naturaleza se yergue en todos los casos como amo absoluto y aparecen “Signos combatientes” en constante oposición, una suerte de purgatorio en el que el hombre y el mundo arden huérfanos ante las constelaciones. Allí, en los sueños, en el renacer, estén quizás las respuestas. 

Necesaria y potente aparece una cosmogonía en la que un resplandor es inicio de llama, de tierra herida, de agua al amanecer y el hombre es un peregrino y sigue los movimientos se un corazón en un orden cósmico. Y hay momentos de “Arrebato” en los que las dudas se ensañan como dagas: ¿Y por qué conjurar al futuro terror?/ ¿Y si hay dioses?/ ¿Y si hay dios?/¿Y si hay vida después?

Las estaciones en los “Ciclos” son pequeñas pinceladas de la grandiosa maquinaria, parecen sublimes haikus de la transformación, muestras sincronizadas del artificio que delicadamente apareció en páginas anteriores: un irrumpir en la vida transformándola.

Nos aconseja la autora desde su universo poético que: Hay que volver a dibujar los veros desgastados y también invocar presencias en la cofradía de la noche. Es una llamada a la resurrección de un entorno que se está desvaneciendo en los avatares de la praxis cotidiana.

VÉRTIGO Y RETORNO se lee con deleite. Es una delicada caja de cristal que contiene una diversidad de minúsculos mundos secretos. Un minuciosos trabajo de una verdadera orfebre de la palabra, Marcela Galván, que nos llega a través de sus poemas. Los invito a disfrutarlos.

Graciela Montenegro